Ecuador enfrenta una de las crisis más profundas de su historia contemporánea, caracterizada por un acelerado deterioro de la seguridad pública y una penetración sin precedentes de las bandas criminales en las estructuras del Estado. Las organizaciones han captado poder económico y político, utilizando la geografía estratégica y los recursos productivos del país para consolidar su influencia.
La geografía como ventaja para
el crimen organizado
Ubicado entre Colombia y Perú,
dos de los mayores productores de cocaína del mundo, Ecuador ha sido
tradicionalmente un punto de tránsito para el narcotráfico. Sin embargo, en los
últimos años, las bandas criminales han transformado al país en un actor clave
de la cadena global del narcotráfico. Los puertos ecuatorianos, como los de
Guayaquil y Manta, son utilizados para enviar drogas ocultas en productos de
exportación como banano, cacao, café, flores, artesanías y mariscos hacia
Europa y Estados Unidos.
El uso de estos productos no solo
refleja la sofisticación de las redes delictivas, sino también cómo han logrado
infiltrarse en sectores económicos clave. Esto es posible gracias a la
corrupción que afecta a las instituciones encargadas de supervisar y controlar
las exportaciones. Además, la geografía del país, con su extensiva costa y
fronteras porosas, facilita el contrabando y dificulta las labores de
interdicción por parte de las autoridades.
La captura del Estado: el nexo
entre bandas y poder
Uno de los aspectos más
alarmantes de la crisis ecuatoriana es la capacidad de las bandas para
infiltrar las instituciones del Estado. Estas organizaciones no solo cuentan
con recursos económicos provenientes del narcotráfico, sino también con apoyo
dentro de las fuerzas armadas, la policía nacional y el sistema judicial. En
muchos casos, funcionarios encargados de combatir el crimen organizado terminan
siendo cooptados o intimidados para actuar en favor de estos grupos.
La coordinación entre bandas y
sectores corruptos dentro de la Fiscalía es otro ejemplo preocupante. En lugar
de actuar como un pilar de la justicia, esta institución a menudo facilita la
impunidad al manipular procesos legales en beneficio de las organizaciones
criminales. Como resultado, las bandas no solo aseguran su operatividad, sino
también consolidan su posición de poder al desmantelar la credibilidad del
sistema judicial.
Consecuencias sociales y
políticas
El impacto de esta situación es
devastador. La inseguridad ha alcanzado niveles sin precedentes, con un
incremento en homicidios, extorsiones y secuestros. Las comunidades viven
atemorizadas, y el tejido social se desmorona ante la incapacidad del Estado
para garantizar la seguridad. Además, la infiltración de las bandas en la
política genera una desconfianza generalizada hacia los líderes y las
instituciones democráticas.
En el plano internacional, la
imagen de Ecuador también se ve afectada. Los países socios y las
organizaciones multilaterales observan con preocupación el aumento del
narcotráfico y la violencia, lo que podría traducirse en restricciones
comerciales o disminución de inversiones extranjeras.
Por: Poder TV