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jueves, 21 de abril de 2016

En Bahía de Caráquez: ‘Por Dios, díganle a quien sea que nos vengan a dejar algo’

Neptalí Palma, Andrés Bajaña, Juan Bosco Zambrano

“De Bahía de Caráquez se han olvidado las autoridades”, la frase sale de la garganta golpeada de miles habitantes en la cabecera cantonal de Sucre, azotada por el terremoto del pasado sábado que hasta ayer, en la tarde, sumaba 413 muertos y más de 2.000 heridos.

En el barrio María Auxiliadora, donde según las autoridades unas 115 casas han sido destruidas casi en su totalidad, falta agua, alimentos y seguridad.

Y no solo aquí, en toda Bahía de Caráquez, donde sobran escombros en las calles, casas sin techo y pobladores casi sin esperanza, se clama por comida.

Cada extraño, sea periodista o bombero, es abordado para casi en un grito pedir que les lleven ayuda. “Queremos comida, no hay agua y también carpas porque dormimos en la calle”, dice indignada y con mirada triste Edilma Palacios.

“Anóteme ahí para que nos traigan agua y comida, por Dios, díganle a quien sea que nos vengan a dejar algo”, reitera María Robins.

Hasta ayer había 11 víctimas, según Paolo Rodríguez, jefe político de Sucre, quien agregó que cerca del 75% de casas de Bahía de Caráquez había colapsado y que requerían en forma urgente ayuda. “Nadie le ha dado la importancia a Bahía de Caráquez”, se queja.

Bomberos de Guayaquil buscaban a víctimas bajo toneladas de escombros a lo que quedó reducido el edificio Jalil en el malecón de esta ciudad.

Ante la falta de alimentos las personas se cansan de almuerzos y meriendas a base de galletas, papas fritas y gaseosas.

Efrén Huerta dice que, tras la falta de energía eléctrica, personas que cuentan con generadores ofrecen el servicio de recarga de baterías de teléfonos móviles al costo de un dólar.

Y no solo faltan alimentos y agua, también las medicinas escasean. Fernanda López cuenta que caminó 3 kilómetros en busca de pañales y leche para su hijo de 10 meses de edad.

En la iglesia de Bahía ayer se efectuaban misas de cuatro víctimas, frente a un parque abarrotado de carpas con decenas de personas.

También faltan ataúdes. Sobre la carretera de la comunidad Tabuga del cantón Jama, Byron Chila velaba el cadáver de su esposa, Loly Bone. Tres velas y sábanas custodiaban su cadáver, pues no había podido conseguir un féretro. “Ni en Pedernales ni Jama había ataudes, mis hermanas desde La Concordia iban a traerme el féretro”, dice angustiado.

En medio de la angustia y el temor, las réplicas no cesan. Ayer, a las 08:25 un sismo aumentó el miedo en las calles de Bahía de Caráquez. Otro se sintió cerca de las 13:40.

El drama es similar en Portoviejo. Rodeados de más de una veintena de carpas en la calle 9 de Octubre decenas de familias sucumben bajo un intenso sol. Allí, se ha convertido en su lugar de residencia.

El panorama se repite en plazas, albergues, calles y zonas abiertas. Incluso más de 50 personas permanecen en el exterior del ECU-911.

Ayer, cuadrillas de militares repartían víveres y agua.

Mientras, en otras zonas, con tanques vacíos y letreros solicitando agua, decenas de portovejenses claman en las vías por líquido vital, ya no hay en las reservas que tenían, como en el barrio Eloy Alfaro. “Queremos agua”, dicen tibiamente por el desánimo ante la nula presencia de alguna autoridad.

La esperanza rejuvenece ante el arribo de rescatistas de Colombia, Perú, Venezuela, Cuba y provincias vecinas, como Cuenca, llegaron a la ciudad y a cantones vecinos.

Hay 45 edificios colapsados y 15 en riesgo, dijo el alcalde Portoviejo, Agustín Casanova, quien agregó que se está restableciendo el servicio de agua.

Agua también claman en Calceta, en donde el terremoto sumaba ayer 9 fallecidos, 200 viviendas afectadas, 8 edificios colapsados, 80 viviendas caídas, municipio destruido, entre otros. El alcalde Ramón González dice que requieren alimentos, agua, combustible para vehículos, generadores eléctricos, medicinas y seguridad, ya que hay saqueos. No hay albergados porque la gente duerme en la calle, por ello también se necesitan toldos, refiere. En Manta, los afectados siguen a la espera de comida que de a poco empieza a llegar. Mientras, decenas de conductores buscan combustible y otros el servicio eléctrico.

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